sábado, 19 de julio de 2008

El baile de la lombriz solitaria

Ayer lo vi a Pablito Ruiz en el programa de Tinelli arrastrándose como una lombriz fláccida y acalambrada. Lo primero que sentí fue vergüenza ajena, en los 80’s Pablito agitaba las ya arreboladas hormonas de las adolescentes mal vestidas al grito de ‘Oh mamá’, ‘Lady, lady’ y otras basuras por el estilo que el tiempo, con justicia, fue apoltronando en el olvido. Después colgué con las tetas de la partenaire desconocida y el cantante (?) volvió a las catacumbas de mi subconciente, de donde nunca tendría que haber salido.

Todos, en un momento u otro, le pegamos a Tinelli, porque pegarle al ‘Marce’ es poner en otro la visión decadente que tenemos de nosotros mismos. Que durante 200 años haga lo mismo y tenga 40 puntos de rating no habla mal del producto sino de nosotros que, como polillas atolondradas por el reflejo luminoso del televisor, nos juntamos para escucharlo decir las mismas pelotudeces de todos los años y redescubrimos qué tan bajo puede caer el género humano (Ejemplo A: Moria Casán, que ya se parece Florencia de la V pero con los colgajos caídos y sin gracia. Ejemplo B: bueno, todos los otros impresentables).

Pero el motivo de esta fumatura no es hacer sociología del ridículo ni apología del espanto, sino elucidar esa triste manía de la tele por reflotar cadáveres del espectáculo como Silvio Soldán, Pablito Ruiz, Daniel Fanego, Gino Renni, Luisa Kuliok, Mauro Viale, el ‘Teto’ Medina y un montón de fracas más a los que el cuarto de hora se les pasó hace rato y, o bien no se dieron cuenta o si se dieron pero no les importa. Esto demuestra que la segunda ley de la termodinámica es inapelable: el universo tiende a irse a la mierda y uno sólo puede sentarse a esperar.

Ah?: Agarrensé de las manos, unos a otros conmigo...