El conurbano te enseña muchas cosas, entre ellas a gambetear a los "patas negras", hacer oidos sordos a los "eh amigou, tene' un pucho" y a correr por tu vida. Pero nada te prepara para un viaje en el ferrocarril Roca, donde los tres factores se juntan y el espacio es, digamos, limitado.
Si pasa algo -algo común: hurto, violación, etcétera, común para el microsistema ferroviario argentino-, los de seguridad, esos pelafustanes que corren más rápido que uno cuando las circunstancias se tornan apremiantes, se te ríen en la cara. "Quia, si no te gusta andate caminando", suele ser la frase cúlmine dentro de su vocabulario de trogloditas. Claro que siempre andan acompañados de suboficiales panzones, por si alguien intenta abollarles la nariz en un ataque de justa indignación. Por lo general, una Ballester Molina con varias muescas en la culata sirve para pacificar cualquier reclamo, no para subsanar su causa, sino simplemente para que no les rompan las pelotas.
Viajar en tren desde el sur a la capital es todo un acontecimiento. Si no te estropean los rateros o las fuerzas de seguridad (?) podés sentirte dichoso y disfrutar de la hora que tarda el recorrido de 30 kilómetros, apretujado entre varios desconocidos. Me pregunto cuántos críos habrán nacido de esas jornadas interminables de desidia empresarial y de inoperancia; porque los empleados tampoco son ninguna maravilla, por la mitad de las cosas que hacen –o que no-, a vos, empleado silvestre, te rajan no sin antes estamparte en el culo la huella del zapato de tu superior.
La connivencia entre el haragán y el subvencionado aparato empresarial dan como resultado una mezcla explosiva. Y claro, uno termina reventando, pero la esmerada gimnasia del ‘personal de seguridad’ para huir de los problemas como alma que se la lleva el diablo, hace que te alcancen enseguida, sobre todo si son muchos y si pueden pegar por la espalda.
El viajar no es un placer que nos suele suceder, sino un anatema, una necesaria maldición, toda una calamidad, algo para lo que ni una vida en el conurbano bonaerense te puede preparar.
El viajar no es un placer que nos suele suceder, sino un anatema, una necesaria maldición, toda una calamidad, algo para lo que ni una vida en el conurbano bonaerense te puede preparar.
Ah?: Tren Roca la reputísima madre que te parió.

2 comentidigillo:
Mr,
Al leer este blog, queda en mi, el mismo buen sabor que al leer los Poemas en prosa de Charles Baudelaire.
Slds.
Baudelaire es como mucho me parece!
Gracias Nico por el coment
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